ABIERTA-MENTE

Quería una elegía, pero la palabra es siempreviva.

By junio 5, 2020noviembre 30th, 2020No Comments

Estando en mí, desde aquí voy al universo con cada una de mis células, en un vértigo infinitesi- mal por el infinito, entre resplan- dores. La noche y el día, como los dos platillos de una balanza,

son rostros de la fuente inicial. Acuden hacia mí las palabras, en un éxtasis textual, tan rápidas que no podrían ser alcanzadas por su sombra. Es porque les sonrío, me muestran el sendero de la gracia, mientras el cielo de la noche permanece, hasta que llega el cielo del amanecer; entonces se embelesan y sus cantares son obreros que se prolongan en mis manos, más acá de donde se extiende la mirada que busca otros ojos a través de las soledades y los silencios del canto del tiempo, que me llevan a cuestionar ahora, cuánta muerte habré vivido y cuánta vida habré muerto. Pero mientras existan los papeles negros, las le- yes pellizcadas por las hormigas de la justicia, el desconsuelo colosal, el deseo alicortado de una huelga de luces, sabré que aquí, ha caído la can- ción primigenia, un concierto de pájaros con alas inversas, como ecuaciones trigonométricas, a la vista de un sol muriente.

Llego con el crepúsculo, con memorias de todas las infancias, con olor de olvido en los cabellos, con labios y lunares o labios lunares, con sabor a palabras de leche o de anís, trayendo de corona, la hoz de la luna y el traje de luceros y la indig- nación de traer entre las manos, el sol apagado, percibiendo pena y frío, escuchando canciones de cuna que mencionan desafíos y nostalgias de revoluciones cósmicas, chispas perdidas entre ascensos y descensos, entre inexplicables visio- nes frente a la musicalidad de la fogata inextin- guible, eterna y atizada, un nomeolvides que bus- ca explicaciones ingrávidas y pesadas, llevada por el amor, la catarata de respuestas, que tiene la sed del fuego. En el alma nace la flor ardiente, la palabra encendida como una antorcha, des- pertando a los hombres “sin sangre en las venas” que duermen de espaldas al porvenir; los que no se atreven a preguntar, aprovechando los labe- rintos de constelaciones, para ver las quimeras transmutadas en el espacio estelar, revistando la indiferencia en las ciudades, contemplando des- piertas las luces del cosmos, preguntando por las cosas puras que enterró el olvido, por los dueños de las redes del pensamiento y las señales ex- traviadas del futuro. Coloridos paisajes siderales con todas las luces, convergen en los ojos, ven-

tanas de mi alma que conocen el orden cósmico; sin embargo estoy aquí, preocupándome por el desierto del desamor, buscando el delirio vene- rable del agasajo de tu mano, que dibuja siluetas de frases, donde los soles sueñan con mundos soleados.

Tantos elocuentes lugares donde el polvo de los siglos atrae y la fragancia de los rosales, no se agota, donde las piedras de los ríos son oídos pendientes a las pisadas de los exploradores en los muros montañosos, que desilusionan a la monotonía, al nacimiento de nuevas flores, al colibrí libante, al majestuoso lujo de una sonri- sa humana, piedras que a pesar de sus propios gritos, escuchan como yo, el fuego que lava las almas, el agua que gimiendo, libera las banalida- des, los pájaros que disparan al fracaso mientras cantan inconsolables, el aire que entretanto so- lloza, para descubrir, que nada se compara con tu voz cuando me nombra, cuando mis muertos me llaman, cuando preguntan: ¿Quién es el ex- tranjero? ¿De dónde vienes? Me duelo sin saber qué me duele, no encuentro en mí la llaga, está en el dolor del universo, en sus latidos de ola de mar, suspendida en el misterio, dejando en mi garganta un sabor de aventura y eternidad, como el de las semillas que el viento lleva sin sentir, una jugada de tiempo y espacio, donde el placer del barro que fascina a los hombres, conjuga for- mas y fantasías en un puñado de tierra sobre el que han pisado.

Todo es un círculo de colores inconstantes en- tre el polvo de una noche utópica, que maravilla unas bolas cristalinas, bajo párpados transidos de blanduras, una dulcedumbre de nostalgias en un jardín de sílabas, donde pastan el león que sueña con fábulas rosadas, lamiendo sangre fresca, y el cordero con piel de penumbra que se alimenta con flores. Ninguno de los dos hace miel. En nombre de la palabra crearé, construi- ré, entrelazaré, transformaré con su poder, los caminos y las figuras; metamorfizaré las pieles espejeantes, las piedras y los antiguos enigmas, los árboles de ojos y los amables dragones vi- brantes, la cintura del sol sobre las cordilleras de mariposas y los movimientos en los palacios, las estatuas móviles sin pupilas, las lluvias azules de los poemas efímeros, los surtidores de pri- maveras, la gracia que interroga y resuelve adi- vinanzas, racimos de golondrinas y tórtolas, el desnudo que cubre, eternamente danzarán entre los puños de la verdad mutante del infinito que le pone nombre al que la nombra. Todo el tiempo busco, dudo, cuestiono, veo el camino, pero igual que un ciego frente a algunas rutas, pierdo el amanecer como la luz, cuando supe que te par- padeaban por último instante los ojos, y que de ti salía reptando un misérrimo eco de tu canto, no pude evadir la comparación con luciérnagas en las fogatas del corazón. Busco la respuesta que nadie tiene a la pánica noche, donde las ánimas arrojan piedras como cruces filosas a los corazo- nes pulposos de la ilusión. Interrogo la boca que ya no aspira, mientras contiene una mordida de silencio trémulo entre espirales de esperanza y temor, la misma que guarda nudos sin voces, sin gritos, inmóvil de aire, de un cuerpo que quedó sin mano que palpa, sin olfato, sin soplo, sin an- siedad. Te estoy hablando, te estoy invocando, te estoy ordenando…

En el litoral de la nada, deja la palabra el cuerpo vacío, pierde la razón su túnica inútil, la materia permanece, pero no contesta, la máscara, la ca- pucha, a la metamorfosis, la vida y la muerte en una sola ala, sin contrapeso, a la eternidad finita, por el rumbo que hay que dar por perdido, por- que de él no se sabe y se sabe, que no pasa in- forme, pienso que en momentos así ningún hado se conmueve y valora el ser, un ángel ciego nos guía, no hay conjuro que permita recobrar ni una sílaba. Duele el corazón, lo golpean brasas de fuego en presencia de “la inaceptada”. Dicen que el amor no existe, pero yo te amo.